Hoy, día de la toma de la bastilla, llevo 14 días sin fumar.

El 12 de julio desembocamos en Dunwari para visitar a una familia compuesta por una madre y sus hijos. El padre las abandonó y vive aislado en una choza. Según él, esperando la muerte. Antes estuvo en la cárcel. El caso es que la mujer necesita ayuda y allí estaba Pedro. No es de extrañar que lo quieran tanto.

El día siguiente fue la primera vez que encontramos un ciber y hemos aprovechado para ver el correo y mandar noticias a los amigos y familiares. Ha sido en la ciudad de Parakou, una urbe bulliciosa y con mucha actividad. Nada que ver con el interior de dónde venimos, mucho más relajado y donde se respira un ambiente reposado y más tradicional.

Aquí hemos visitado a unas monjas argentinas que desarrollan un centro nutricional en la zona. El problema alimenticio es muy común y su proyecto intenta paliar un poco este problema.

David y Sandra cada día me caen mejor. Es un placer viajar con su sentido del humor.

Hoy nos alojamos en Djougou y mañana empezaremos nuestra aventura por Togo muy temprano (hemos quedado a las 6:30 a.m.) Esta es tierra de la raza Ditambari, caracterizados por sus espectaculares escarificaciones en la cara y que reproducen en la fachada de sus casas. También son conocidos por vestir una especie de cuerno en el pene con la idea de protegerlo.

Más al norte se encuentra Natintingou, donde, por primera vez, hemos visto un relieve montañoso. Benín es básicamente una sabana arbórea bastante plana. Aquí he comprado una careta y una flauta de pastor para regalar.

Djougou es una ciudad relativamente grande en la que hemos visto los primeros blancos. La mayoría son franceses. En el hotel donde nos alejamos nos hemos encontrado con la sorpresa de la celebración del 14 de julio francés, fiesta nacional de este país. Un grupo de franceses empezaba una fiesta que no sé si me dejará dormir.