Realmente me considero afortunado al poder viajar con alguien tan querido por aquí y que nos permite sacar el mayor partido de la relación con los benineses de esta zona. En Nikki intentamos encontrar un ciber pero no tuvimos suerte. Aquí aún no han llegado las TICs. Sin embargo nos encontramos con la sorpresa de ver un partido de fútbol en el que fuimos los protagonistas inesperados. Creo que creían que éramos ojeadores europeos o algo.

El martes 7 de julio ha sido un día especial por las visitas a aldeas inolvidables y el recibimiento de sus gentes.

La mañana ha empezado con el desayuno de turno a las 8 a.m. y la anécdota de que aquí hay que planchar bien la ropa ya que existen moscas que depositan sus huevos en ella y al ponértela pasan a través de la piel y desarrollan larvas en el interior. Esto le ocurrió a una amiga de Pedro.

Después partimos a Tanakpé, una aldea donde los amigos de Pedro nos dieron de comer. Aquí nos enteramos como un anciano de la aldea, musulmán de nombre en principio, se convirtió al cristianismo y su mujer le abandonó por ello. Él, lejos de agobiarse, buscó otra mujer y santas pascuas.

En estas aldeas la monogamia representa un problema para el hombre ya que la mujer, al parir, abandona la aldea durante el tiempo de lactancia. y este queda sólo para hacer todo el trabajo. Por ello, los hombres tienen dos o más mujeres para no quedarse solos, curioso ¿no?.

Tras recoger el regalo de los líderes del poblado (algunos huevos de gallina de guinea) partimos hacia Taku, otra comunidad en la que Pedro trabajó durante años. El recibimiento ha sido asombroso, tambores danzas tradicionales, comida con los jefes y sabios del poblado. Todo ello rodeado de niños descalzos y llenos de mocos, vestidos con harapos y algo sucios pero con su inagotable sonrisa y ganas de saltar y tocarnos. Les encanta nuestro bello en los brazos y no dejan de manosearlo. Pedro es un dios aquí. Volvemos a Nikki.