El 3 de Julio de 2009 comencé a escribir este diario. Nunca antes lo había hecho. Quizás la razón es que añoro a mis amigos, es rara la vez que viajo sin ellos, o tal vez es que África invita a escribir con la idea de inmortalizar lo que parece un sueño. Así quedará reflejado en papel para recordarlo siempre, aunque lo que sientes al estar aquí, y solo llevo unos días, no es algo que sea fácil de describir con palabras.

De igual manera intentaré hacerlo. Pues bien, todo empieza con la llegada al aeropuerto de Cotonou y el asombro de ver una furgoneta del mismo a pié de pista que nos condujo durante no más de tres minutos hasta la sala VIP.

A partir de ese momento te das cuenta que Pedro, nuestro lazarillo de viaje y promotor del mismo no es una persona que pasa desapercibida en este país remoto. Por cierto, aquí añadiré que los dos otros compañeros de viaje son David, sobrino de Pedro, y su mujer Sandra. Ambas personas con las que he congeniado muy bien hasta el momento.

Llegamos el martes 30 de junio, ya al anochecer, algo cansados después de mas de 8 horas de viaje desde Paris. Nos alojamos en una residencia en la almendra de la ciudad donde hemos conocido a Teo, coordinador beninés del proyecto “BECAS PARA AFRICA” que pretendo conocer en profundidad. También hemos conocido al chofer que nos acompañara durante toda la travesía.

Cotonou recuerda a la India en su caos, olor, desorden aparente y sensación de pobreza y humildad. Sin embargo, cuenta con menos población. Hoy hemos visitado la costa de la ciudad de Ouidah, con motivo de conocer un fuerte portugués desde el que partían las embarcaciones con esclavos en épocas pasadas. El mar suena diferente, como mas rebelde, casi da miedo.